Ánimo, ¿Qué nos da ánimo?

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Con frecuencia las situaciones de la vida pueden mermar nuestra confianza, frustrarnos, cansarnos y sentirse como obstáculos difíciles de vencer. Nuestro ánimo decrece, la energía, emoción y pasión que ponemos a una nueva actividad o empresa se afecta y se reemplaza por una preocupación del fracaso, por una sombra que nos desanima mas y que baja nuestro desempeño y nuestro ritmo de actividad, perdemos esa chispa contagiosa que envidiamos en todo el que está emocionado por iniciar algo con la pasión del éxito.

 

El estado de ánimo se describe a diferencia de las emociones que son más fugaces; como un estado más duradero de emoción que puede ser bueno o malo y que se ha ligado también a la relación entre la energía y la tensión, siendo el peor estado de ánimo el de la persona baja de energía y alta en tensión (cansado-tenso) y el mejor el de la de alta energía y poca tensión (energético-calmado).

 

En esta ocasión escribo algunos consejos que nos ayudan a recobrar esa confianza y energía, buscando el estado óptimo de nuestro ánimo, para lo cual tenemos que deshacernos de la tensión recuperando la calma y deshacernos del cansancio recuperando la energía.
Puntos a reflexionar para recuperar la calma:

 

  1. ¡Medita!, el aprender a disminuir el ritmo de tus ideas en la cabeza y asentar tu atención únicamente en tu respiración, relaja tu cuerpo, tu mente y trae paz y calma a tu ser, date el lujo de regalarte al menos 30 minutos diarios para descansar tu mente, ganarás muchísimo más que la media hora que “pierdes”.
  2. Recuerda que no necesitamos tanto para ser felices, solo un lugar donde dormir, comida en nuestra mesa y ropa que ponernos todo lo demás son auto-exigencias que pueden llegar pero no pasa nada si no llegan o llegan más tarde. Lo importante es nuestra decisión de ser felices con lo que tenemos en este instante.
  3. Lo único permanente es el cambio y eso incluye que hasta la peor de las tormentas y el más grande obstáculo pasan, todo cambia y todo termina no te desesperes.
  4. Disfruta las cosas buenas que aun con tus problemas o sin ellos suceden todos los días: el cariño de tus seres queridos, la sonrisa de los niños, las maravillas de la naturaleza y el funcionamiento de la maravilla que es tu cuerpo y que a pesar de todo te permite estar aquí y ahora.
  5. Date cuenta que todas las consecuencias que te preocupan de tu situación pueden o no pasar, el futuro es solo una posibilidad, no es nada concreto, ninguna situación es segura hasta el último momento, así que recupera la calma al saber que el resultado final aun no está definido.

Puntos a reflexionar para recuperar energía:

  1. Las cosas no mejoraran mientras te preocupas, mejor ¡ocúpate! Pre-ocuparse es atender algo antes de que suceda lo cual por definición es imposible, mejor ocúpate y atiende lo que sucede en tu presente para que el futuro sea mejor.
  2. Recuerda que tus habilidades y capacidades adquiridas no dependen de dificultades y obstáculos, ahí están, solo son puestas a prueba y puedes lograr lo que te propongas con ellas.
  3. Si este fuera el último día de tu vida ¿cómo te gustaría vivirlo?, ¿derrotado? O luchando hasta el último momento, “muriendo en la raya”, dale toda tu energía hoy, no te preocupes de la de mañana.
  4. Piensa en la urgencia de llegar al éxito, de resolver el problema, de eliminar el obstáculo para que todo sea mejor; este sentido de urgencia te dará energía para otro empuje.
  5. Todos los resultados son consecuencias de ciertas causas, la ley de causa-efecto siempre empieza por las causas, enfócate en generar las causas apropiadas para un futuro mejor, imagina el resultado final exitoso y sus beneficios para ganar más energía.

Más calma en tu mente, más energía en tus acciones, es lo que da el estado de ánimo positivo para lograr las metas, así que como decía el monje zen japonés Mikao Usui fundador del Reiki: “!Solo por hoy no me preocuparé, solo por hoy no me enojaré, solo por hoy seré agradecido, solo por hoy seré cariñoso, solo por hoy trabajaré duro!”. Un día a la vez, ¡repítelo!, ¡hazlo!.

 

Julio 2010 Guillermo Mendoza

Coach Ejecutivo, conferencista, escritor, empoderando individuos y organizaciones a transformarse obteniendo los resultados que quieren más rápido y mejor.

Guillermo Mendoza gmendoza@conegte.com

Houston (832)334-3583 México (55)8421-4647

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Bueno o malo; ¿Para quién?

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En un artículo anterior mi hijo me comento que usaba en ocasiones el calificativo de que algo era bueno o algo era malo, y que sería interesante escribir o reflexionar de si las cosas verdaderamente tienen esta cualidad de ser buenas o malas o nosotros se la ponemos.

 

 

Creo que mucho se ha escrito de valores universales, de cosas que innegablemente podríamos calificar de buenas, y que inclusive encontramos que todos los caminos espirituales y religiosos acaban apuntando a ellas de una u otra manera. Cosas como la honestidad, el amor, la paciencia, y muchas otras podríamos calificarlas de  buenas y sus opuestos de malas.

 

También por ahí dicen que la realización total, el superar el ego, la iluminación, la gracia, están más allá del bien y del mal. Que los grandes guías espirituales o maestros han alcanzado estados en los que ya no existe el calificativo de algo como bueno o malo.

Pero la realidad es que algunos seres humanos y en la mayoría de las culturas, tenemos una inercia incontenible a estar calificando constantemente las cosas, es como si fuera una obligación imperdonable el que casi en el mismo instante en que sucede algo o nos enfrentamos con algo tenemos que calificarlo.

“Fumar es malísimo para la salud”, “Que mal que chocamos”, “Correr es muy bueno para nuestro cuerpo”, “Esta comida es malísima”, “Esto es un manjar, está buenísimo”. Y si alguien conocido olvidara hacer su evaluación inmediata somos los primeros en recordárselo: “¿Cómo te fue en la fiesta?, ¿bien o mal?”, “¿Qué tal estuvo ese nuevo restaurante, bueno?”, “¿Cómo te va con el nuevo empleado?, ¿salió bueno o malo?”

Creo que no hay nada de malo o bueno, Ja! Ja! Ja!; en nuestra irrefrenable habito de estar calificando las cosas, pienso que es un habito natural producto de nuestra educación competitiva que siempre esta asignando calificaciones a nuestro desempeño desde niños y que se vuelve algo enraizado en nuestra forma de ser.
Lo que sí creo que no es un hábito que produce felicidad en especial cuando nos lo tomamos muy a pecho, la realidad es que todas las cosas son y pueden ser buenas o malas dependiendo de cómo se miren, nuestra percepción basada en situaciones y momentos particulares es la que nos ayuda a asignar la calificación de algo como bueno o malo. Pero sin duda una causa del sufrimiento es apegarnos con total pasión y seguridad a la calificación que pusimos y a que es permanente.

Esto no funciona por muchas razones; la primera que lo que es bueno hoy, no es necesariamente bueno mañana, cualquiera que haya pasado por un rompimiento amoroso puede confirmar esto. Los valores como la honestidad, el amor o la paciencia pueden ser buenos o malos dependiendo de cómo se usan, en qué momento, con qué personas, en qué circunstancias, con qué intención, todo es relativo.

Lo que es bueno para mí no es necesariamente bueno para otros o viceversa. Fumar puede ser malo para la salud, pero seguramente es bueno para las miles de familias que dependen de esa industria; chocar es malo pero si nuestro manejo fuera perfecto la industria aseguradora y los ajustadores no tendrían trabajos; correr es saludable pero por experiencia les digo que no para todo el cuerpo, las rodillas lo van resintiendo y cualquier ortopedista les puede confirmar que ser corredor equivale a golpear con un martillo nuestras rodillas; la comida de un lugar puede ser malísima pero estoy seguro que para los millones de pobres que no comen bien seria un manjar único.

En fin creo que lo importante es darnos cuenta, ganar conciencia de que bueno y malo son calificaciones completamente relativas, siempre van a variar desde el que la otorgue y sus condiciones particulares de lugar, momento, intención, etc.

Y si ganamos esa conciencia entonces podemos desapegarnos un poco de los calificativos que damos, seguir considerando algunas cosas como buenas o malas pero sin “clavarnos” con que así son; recordar que las cosas siempre cambian y que siempre son relativas. Que un enemigo de hoy puede ser un amigo mañana, que un amigo de hoy no necesariamente lo será siempre, que mi fortuna puede implicar des fortuna para alguien o que mi mala suerte puede haber dado un beneficio a alguien.

Si tomamos este enfoque más desapegado, tal vez a veces no nos vaya bien o mal, simplemente nos vaya y eso sea suficiente, tal vez alguien no sea bueno o malo, simplemente sea, y eso sea suficiente, tal vez nuestros momentos sean buenos o malos pero solo son eso un momento y cada momento nuestra vida cambia y nos trae algo diferente.

Y es precisamente ese entendimiento de la impermanencia de las cosas y de la relatividad de todas ellas, el que contribuye a la felicidad verdadera, a salir de la ignorancia de que algo es siempre bueno o siempre malo y entender que las cosas siempre están cambiando.

Además esto nos da una tremenda flexibilidad para siempre buscarle el lado bueno a las cosas, porque siempre lo tienen (aunque no sea necesariamente para nosotros), y gozar cada momento sea como sea, porque es eso, solo un momento, una situación pasajera, y todo pasa.

Así que mi consejo, como decía un cuñado que tuve es: “no dramatices, la vida está llena de matices”, mejor dale a tu mente las perspectivas necesarias para que esos matices sean de felicidad, amor, compasión, paciencia, generosidad, perseverancia, sabiduría, espiritualidad, moralidad; cosas todas ellas que si se aplican bien, pueden ser buenas.

 

 

Diciembre 2010 Guillermo Mendoza

Coach Ejecutivo, conferencista, escritor, empoderando individuos y organizaciones a transformarse obteniendo los resultados que quieren más rápido y mejor.

Guillermo Mendoza gmendoza@conegte.com

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Cerrando Ciclos: El Cambio

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¡Se acabo el año! Es la típica expresión que empezamos a escuchar desde noviembre y no se diga en el ultimo mes del año. Elcalendario siempre ha sido una manera importante de medir nuestros ciclos de vida; no solo es responsable de nuestro cumpleaños y aniversarios sino además de múltiples días festivos, estaciones, inicio y fines de cursos, vacaciones veraniegas, etc. En fin marca claramente días, etapas y ciclos. Marca el cambio que es constante inevitable de nuestra vida.

Y sea que hayamos cambiado mucho, poco o nada, el año se acaba y siempre nos marca un cambio de capítulo, “se acabo” tanto lo bueno como lo malo, miramos a Enero con el anhelo de que lo bueno se repita y con la esperanza de que lo malo no. Con las emociones encontradas de gusto, temor, buen ánimo y miedos que cualquier comienzo genera.

Alguna vez tuve la suerte de asistir a un premio de carreras de autos Formula I, era la primera vez que iba y note como la mayoría de la gente a mi alrededor sacaba de su bolsillo o compraba del oportuno vendedor que circulaba entre las gradas unos taponcitos de hule para los oídos y los colocaban cuidadosamente en sus oídos. Me apresure a comprar unos también y comente a algunos vecinos de asiento, “¡es necesario!” y me contestaron “¡no es necesario!, es ¡obligatorio!”. Cuando comenzaron a circular esos bólidos por la pista entendí su comentario, esa protección tenia que ser algo inevitable si querías mantener tus oídos funcionando después de escuchar esos motores.

EL cambio no es necesario, es obligatorio; no es opcional, no sucede a veces si y a veces no, es de hecho lo único que podemos garantizar como constante en nuestra vida. Los grandes ciclos como el cambio de año lo enfatizan, pero sucede todo el tiempo le pongamos o no medidas, tiempos o cambios de semana, mes o año. Entonces ¿por qué nos cuesta tanto trabajo aceptarlo?

Como seres humanos desarrollamos un fuerte apego a las cosas que nos gustan o satisfacen y de una manera totalmente ilusoria imaginamos su permanencia. Pretendemos que todo mundo envejece pero nosotros no, que somos los mismos, que nuestros gustos, posturas filosóficas o religiosas, y muchas otras cosas permanecen sin cambio. Es una herencia educativa que nos transmitieron y transmitimos de generación en generación, el pensar que hay que adoptar posturas, fijar ideas y tener una opinión definida y muchas veces inamovible hacia diferentes aspectos de la vida.

Sin embargo lo anterior no es mas que una fuente de sufrimiento, algo que solo nos hace más resistentes al cambio y menos dispuestos a disfrutarlo, la regla es disfrutamos lo estable y sufrimos el cambio. Tristemente lo único estable es el cambio y eso nos causa muchos problemas.

Propongo una idea totalmente diferente, ¿Qué tal enamorarnos del cambio?, disfrutar cada momento en el que la maravilla del funcionamiento de nuestro cuerpo nos permite vivir y madurar, y de la misma manera en que disfrutamos el crecimiento de un hijo o nieto y el verlo pasar por sus diferentes etapas, disfrutar todo cambio de nuestra vida incluyendo nuestra maduración y envejecimiento.

Después de todo a pesar de vitaminas, complementos, cremas y cirugías, no tenemos ningún control sobre el cambio físico y solo podemos tratar de ocultar lo inevitable, entonces para que preocuparnos por ello.
Mucho mejor sentirnos bien porque algo nos empezó a gustar o nos dejo de gustar, emocionarnos con la idea de cambiar de idea, con la tremenda libertad y descanso que nos da el no tener que cuidar o defender una posición y simplemente aceptar que ya pensamos diferente o que no hay que esforzarse por defender una rigidez innecesaria.
Una gran cantidad de esfuerzo y energía diarios son gastados en defender lo que somos, lo que pensamos, lo que hacemos, cuando la realidad es que todo ello cambia constantemente. Acaso ¿ves las cosas de la misma manera que las veías cuando eras un adolescente?, ¿tienes las mismas opiniones de tus padres?, ¿sigues viendo a tu pareja de la misma manera?, ¿tu cariño hacia amigos se ha mantenido igual?, ¿tus aficiones son las mismas?; claro que no, nada de esto es permanente, bueno nada absolutamente nada es permanente.

Eso ¿es algo malo?, ¿es algo bueno?, digamos que simplemente producto del cambio no es mas que diferente y el que sea malo o bueno no es mas que el resultado de nuestra actitud hacia ese cambio inevitable.

Así que en estas épocas de cierre de ciclos, de notorios momentos de cambio en los que el fin del año y las fiestas nos ayudan a hacer recuentos y planear comienzos; cambiemos la nostalgia de la permanencia o estabilidad de las cosas por la alegría del cambio constante, de la transformación, de la maravilla del movimiento perpetuo de células, ideas, sentimientos, relaciones.

Concentremos mejor nuestros esfuerzos en la transformación, en que el inevitable cambio vaya en la dirección correcta y le de un rumbo positivo a nuestras vidas. Que el cambio no sea solo como una enfermedad que nos ataca, del que queremos salir rápidamente, curarnos y decir “ya paso”; sino que sea una verdadera transformación, que podamos ver en todos los inevitables sucesos de nuestra vida lo positivo. Preguntarnos ¿qué aprovecho de este cambio, de este suceso?, ¿Qué aprendo?, ¿Qué nueva habilidad, conocimiento o relación tengo?, ¿Qué aprendizaje le saco a la vida con esta dificultad?, ¿cómo me transforma en un ser mejor?

Los dejo con mis mejores deseos de que eliminen de su vocabulario la “resistencia al cambio”, a que las cosas ya no son como eran o no son como queremos, que puedan estar felices, y entender la impermanencia de todas las cosas, entender que lo único permanente es el cambio y que las cosas siempre son como deben de ser.

 

Coach Ejecutivo, conferencista, escritor, empoderando individuos y organizaciones a transformarse obteniendo los resultados que quieren más rápido y mejor.

Guillermo Mendoza gmendoza@conegte.com

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El Enojo: Enemigo Interno

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“Esta persona me hace enojar” es una expresión muy común; la emoción del enojo surge según nosotros cuando algo o alguien nos altera.

Esta alteración de nuestro estado “no enojado” o tranquilo a “enojado” me atrevo a decir que es imperceptible. Por supuesto sabemos cuando nos enojamos, que estamos enojados o enojadísimos, pero cuando eso sucede ya pasamos el punto de transición de tranquilo a enojado. La energía del enojo es tan fuerte que cuando nos sucede no nos damos cuenta, es como un shock del que ganamos conciencia una vez que ya estamos metidos en el enojo y en los casos más graves ni siquiera en ese momento sino hasta después de que ha pasado.

 

Las causas de esa alteración pueden ser múltiples: algo no salió como queríamos, alguien no siguió nuestras instrucciones, hizo o dijo algo que nos disgusta, no cumplió alguna fecha de entrega o promesa, o simplemente fallo en su desempeño.

No vamos a analizar aquí si la persona o suceso causante está mal o no, lo cual puede ser muy subjetivo; pero sí nos vamos a enfocar a la reacción del enojo, analizar sus desventajas y comentar algunos tips que nos permiten modificarla en nuestro beneficio.

 

Al surgir el enojo hay una cadena de eventos: el suceso mismo, nuestra percepción del mismo, lo que pensamos al respecto y finalmente el sentimiento del enojo. Pero estos se suceden tan rápido que solo percibimos algo que esta mal, y luego nuestro sentimiento que puede ir desde  una molestia leve hasta una energía explosiva que nos hace gritar, enrojecernos y hasta agredir físicamente a alguien con ademanes fuertes o de plano con golpes.

 

Como será de fuerte esto y en que grado toma el control de nosotros que no es raro escuchar a alguien referirse a su último ataque de ira con frases como: “no era yo…”, “estaba fuera de mí…”, “me desconozco…” o “salí de mis casillas…”

 

Reflexionemos por un instante en lo que buscamos con el enojo. Una primera pregunta seria, ¿el enojo me hace feliz?, y aunque la respuesta obvia sería que no nos hace felices, tenemos que reflexionarlo porque si seguimos enojándonos algún placer aunque sea temporal obtenemos. El enojo surge a veces de una sensación de miedo y da una sensación de poder, la cual nos permite superar el miedo.

 

Quizás el enojo nos da el placer de poder, de estar en control de las personas, porque el más enojado y gritón en una situación puede sentir que es el que subyuga al otro y por lo tanto es más poderoso; y el poder siempre ha mantenido su atractivo entre nosotros. Pero tenemos que reconocer que el enojo nos da varios estados perturbadores que es imposible coexistan con la felicidad verdadera.

 

En el fondo de la situación, hay una necesidad imperiosa de comunicación, si algo no salió como queríamos es porque no fuimos claros, o alguien ignoró nuestros deseos y expectativas por lo que con el enojo tenemos la ilusión de establecer una comunicación mucho mas contundente. Al final de una buena pelea decimos: “¡le dije sus verdades!”, “¡lo puse en su lugar!”, y otras expresiones que nos confirman que el enojo nos permitió dar un mensaje mas firme.

 

Sin embargo si analizamos que es lo que pasa durante el enojo, irónicamente la comunicación se deteriora, una persona presa del enojo puede alterarse tanto que sus frases y gritos son completamente desarticulados y no logra expresarse bien y para acabar de convertir el suceso en un total fracaso comunicativo, el receptor se espanta, se cierra y básicamente NO esta escuchando, porque su mente esta concentrada en una o varias de las siguientes opciones: pensar sus argumentos para defenderse y contraatacar, pensar como puede arreglar la situación, o simplemente observar el tremendo show que la otra parte esta haciendo, pero en ninguno de estos casos es un buen escucha.

 

Una necesidad de comunicación implica una necesidad de acercamiento. Curiosamente entre mas cercanos somos a la persona que “provocó” el enojo, mas libertad nos damos para gritarle, insultarle y herirle como parte del proceso provocando lo contrario un alejamiento; es un misterio porque podemos maltratar más a los que más amamos y controlar un poco y mantener el respeto con los que no amamos tanto.

 

¿Como podemos detectar un enojo, aminorar sus efectos y trabajar poco a poco en deshacernos de esta emoción que a todas luces no cumple con nuestro propósito?

 

El primer consejo es comprender la secuencia de sucesos que tiene que darse para generar nuestro enojo, el sentimiento de coraje viene de un pensamiento y este a su vez de la percepción que tenemos de un suceso o persona; cuando sintamos que nos empieza a invadir esta emoción, hagamos un habito el reflexionar ¿que estoy pensando que causa esta emoción? y ¿que percibí como negativo para mí que provoco este pensamiento?, ¿Cuál fue el ataque, frustración o decepción?, ¿voy a corregir algo de el con esta furia y todos sus comportamientos relacionados? O me voy a alejar del  objetivo de comunicar más claramente porque las cosas no están bien para mí.

 

Al darnos cuenta del enojo es útil pensar ¿qué quiero comunicar? Para que esto nos ayude a calmarnos o a buscar un mejor momento. Podemos también imaginar que somos una estrella de cine constantemente bajo el lente de una cámara o por trabajo o porque los paparazis no nos dejan en paz y pensar ¿cómo nos sentiremos al ver más tarde un video filmado de nuestro enojo?, en el que por supuesto tendremos las facciones alteradas, la cara roja, estaremos manoteando y nuestros gritos serán verdaderamente intimidantes. ¿Será ese videoclip motivo de orgullo?, ¿nos sentiremos bien al ver esas escenas?, o por el contrario será algo vergonzoso y aterrador en el que confirmaremos la frase “me desconozco, no era yo mismo en ese momento…”

 

Estas frases solo nos confirman que la energía del enojo tiene una potencia tal que toma totalmente el control, nuestro ser esencial queda desplazado y no somos dueños de nosotros mismos, hacemos y decimos cosas que no queremos hacer y decir realmente si fuéramos dueños de la situación.

 

¿Cómo lo resolvemos?, ¿Cómo nos deshacemos de toda esta bola de gente, o de estas situaciones que nos atacan y nos hacen perder el control? Bueno, tomar ese camino seria una tarea infructuosa, nunca terminaríamos de eliminar a aquellas personas o a aquellas situaciones que nos resultan molestas, frustrantes o decepcionantes, por ahí no esta la solución.

Pero si hay una manera de trabajar en atacar el enojo y es primero entender que es un enemigo interno, no externo; el verdadero enemigo no son las situaciones o personas que nos resultan molestas o que consideramos no cumplieron nuestras expectativas, estas personas no son intrínsecamente negativas, prueba de ello que en algún otro momento o circunstancia nos pudieron haber parecido agradables o neutras.

 

La raíz de la molestia y la frustración por lo tanto del enojo es lo que nosotros pensamos al respecto, el enemigo no es el de afuera, es el pensamiento que genera esa emoción y el pensamiento esta dentro de nuestra mente, debería surgir de nosotros y deberíamos ser dueños de nuestros pensamientos pero si no cultivamos la paciencia ellos tomaran el control.

 

Así que la próxima vez que te acerques al enojo toma una respiración profunda y pregúntate: ¿mi reacción me permite comunicar mejor lo que quiero a esta persona?, ¿me acerca a ella?, ¿contribuye a cambiar la situación?, ¿mi video mostrara una persona ecuánime y paciente o a un energúmeno?, ¿voy a permitir que algo o alguien que no soy yo tome el control? Tal vez si lo practicas te sorprendas con los resultados.

 

 

Coach Ejecutivo, conferencista, escritor, empoderando individuos y organizaciones a transformarse obteniendo los resultados que quieren más rápido y mejor.

Guillermo Mendoza gmendoza@conegte.com

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El tiempo mala inversión

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Muchas veces hemos usado la analogía tiempo-dinero para expresar lo valioso que es el tiempo en nuestras vidas. Cuando nos dicen “el tiempo es dinero”, a mi me hace pensar que cada minuto está costando y entonces debería tener valor lo que hago con él, dejarme algo; es una manera de enfatizar que es muy valioso y que debería usarse sabiamente, productivamente.
Pero analicemos con más detalle esta comparación para entender el verdadero valor de estos recursos. Ambas cosas como dije son recursos, algo con lo que contamos para hacer algo, pero aquí encuentro la primera diferencia importante; el recurso dinero puede ser mucho, poco o nada dependiendo de nuestra particular situación económica, de si heredamos o no dinero, de cómo nos ha ido en la vida con nuestro trabajo, de si hemos ahorrado o invertido y cuanto hemos acumulado. Por otro lado el recurso tiempo es idéntico para todos, el más rico y el más pobre tienen las mismas 24 horas para usar cada día, y aunque algunos digan que necesitan días de 36 horas no hay ningún pronóstico de que la tierra vaya a girar más lento para darnos días más largos.

Ambos son recursos limitados porque los gastamos y se agotan, hay un límite a lo que podemos hacer con nuestro dinero de la misma manera que hay un límite de minutos con los que cuento cada día para realizar actividades.
El problema con el tiempo es que no sabemos cuál es ese límite; no tenemos como en el saldo de una cuenta bancaria la cantidad de minutos restantes en nuestra vida. Hoy en día algunas personas viven más años que antes, la expectativa promedio de vida ha aumentado, pero también hoy en día algunas personas siguen muriendo en cualquier momento, en momentos inesperados; víctimas de una enfermedad inesperada, de un accidente que puede ser tan simple como resbalarse y caer mal o tener un accidente automovilístico.

Sin embargo vivimos la vida como si contáramos con un estado de cuenta que nos da nuestro saldo de minutos y como si fueran muchísimos para hacer todo lo que queremos hacer. No tenemos un sentido de urgencia para lograr cosas, o para disculparnos con alguien, o para hacer las paces, o para perdonar, o para visitar a alguien que extrañamos y queremos, o para darle a la gente lo mejor de nosotros como si fueran nuestros últimos minutos.
Es un misterio porque solo la gente con enfermedades terminales se da cuenta de que el saldo no es ilimitado y a veces cambia su perspectiva de la vida; el resto nos creemos inmortales con un saldo de minutos inagotable, así que, ya habrá tiempo para hacer las cosas.

Cuidamos mucho más el recurso dinero del cual tengamos mucho o poco sabemos cuánto hay, que el recurso tiempo el cual puede agotarse en su totalidad de un momento a otro.

Por otra parte a diferencia del dinero, el tiempo es una pésima inversión, más bien diría no hay manera de invertirlo. El dinero puede ser ahorrado para luego utilizarlo en algo que nos interesa; pero nunca puedo decir: “voy a guardar estos minutos para usarlos más tarde, o voy a agregar estas horas a mi cuenta para tener tiempo suficiente después”.

El tiempo se tiene que usar cada segundo no puedo posponerlo, ahorrarlo, invertirlo o reasignarlo de ninguna manera, o lo usamos o alguien más lo usara por nosotros; o decidimos hacer algo útil con él, transformar nuestra vida y mejor aun la de alguien, o se nos escurre como agua de las manos sin ningún impacto, sin dejar nada.
Ojala entendiéramos lo desastroso que sería morirnos y dejar tantos pendientes sobre todo, el de hacer algo por los demás. Ojala entendiéramos que el tiempo es una mala inversión, tenemos que gastarlo cada minuto, no hay manera de guardarlo y cada que no decidimos como gastarlo alguien o algo viene y se lo lleva, el reloj no se detiene.

Creo que sería como persona mucho más cariñoso, productivo, compasivo, tolerante; si cada mañana recibiera mi estado de cuenta de la vida avisándome “quizás hoy llegues al final del día con vida, quizás tengas unas 16 o 18 horas, no importa que saldo tengas en tus otras cuentas, este saldo de tiempo tienes que usarlo HOY minuto a minuto no es válido para otra fecha” disfrútalo.
Ojala entienda este aviso y gaste mí tiempo dándole algo a los demás, porque esa es la mejor inversión y la mejor manera de disfrutarlo: dejar una sonrisa en los demás.

 

 

Octubre 2010 Guillermo Mendoza

Coach Ejecutivo, conferencista, escritor, empoderando individuos y organizaciones a transformarse obteniendo los resultados que quieren más rápido y mejor.

Guillermo Mendoza gmendoza@conegte.com

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Escribe tus metas

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Soy del tipo de persona que siempre me ha gustado estar escribiendo ideas, garabatos y usando papelitos aquí y allá para hacer listas de pendientes, sueños, proyectos; y me dio gusto darme cuenta al hacerme Coach y aprender algunos conceptos del tremendo poder que tiene nuestro lenguaje hablado, pero también del tremendo poder que tiene nuestra escritura.

Hay una extraña energía que surge y le agregamos a las ideas cuando las ponemos por escrito, las cristaliza, les da forma, las hace menos abstractas, podríamos decir que más reales y sobretodo les permite desarrollarse; ya nacieron ya están en blanco y negro y ahora pueden crecer y tomar colores y posibilidades.
Cuando trabajo dando Coaching o consultoría ayudo a las personas y empresas a reflexionar, a ganar  conciencia, a generar ideas; pero me sorprende lo poco que nos gusta escribir tanto a nivel personal como en nuestros trabajos en las empresas. No sé si es que en nuestras generaciones nos hacían escribir demasiada tarea o “planas”, o si ahora en las nuevas generaciones no forzamos a los niños y jóvenes a escribir. Pero bueno el resultado es el mismo: personas y empresas que no ponen por escrito lo que quieren lograr, lo cual desde mi punto de vista es un componente crítico para lograrlo, como le he llamado antes un “acelerador”.
Al no hacerlo no le estamos dando vida y crecimiento a las ideas, y sin darnos cuenta estamos limitando el logro de nuestros objetivos de manera significativa.
Así que aquí les dejo las 5 razones por las cuales es necesario escribir nuestras ideas y 5 maneras de hacerlo mejor:

  1. Nacen. Cobran vida y pueden empezar a desarrollarse, podemos de vez en vez revisar su crecimiento o avance, agregarles posibilidades, ideas complementarias o alternas y en una de esas generar LA idea que nos dará el éxito.
  2. Podemos compartirlas. El lenguaje escrito nos permite llegar a más personas, áreas departamentos y entre mas expandamos la “red social” de nuestra idea, gana más energía, recibe más retroalimentación y encuentra nuevos recursos.
  3. Nos mejora. Como en todo la práctica hace al maestro y entre más escribimos más fácil es redactar, más fácil es estructurar ideas y generar proyectos.
  4. Nos compromete. Cuando una meta es puesta en blanco y negro y comunicada tanto en las organizaciones como a nivel personal, nos compromete a lograrla, nos reta, ya no es un objetivo secreto y esto le da más fuerza a la ejecución de actividades para lograrla.
  5. Nos mide. ¿Cuántos objetivos de tu empresa o personales cumpliste o no el ultimo año?, mientras no escribas tus metas no puedes revisar que se logró y que no. Es increíble pero la mayoría de las organizaciones no exigen a su personal tener objetivos escritos para el periodo. ¿Cómo van a saber si van bien o no?

En este punto quizás te estoy convenciendo que vale la pena escribir tus metas y objetivos, pero persiste el “a mí no me gusta escribir”; así que ¿cómo podemos mejorarlo en nosotros, nuestros empleados, hijos  y en futuras generaciones?, estas son mis ideas:

  1. Lee. ¿Te doy una nueva definición de leer?; es estar constantemente viendo ejemplos de cómo redactar ideas.
  2. Habla escribiendo. Al principio solo escribe las cosas como si las estuvieras platicando a alguien y luego revisas y pules tu redacción hasta que logres escribir metas concretas, medibles y bien redactadas.
  3. Mejora tu letra. No, no te voy a poner a hacer caligrafía, la letra ya no importa ahora hay computadoras es más fácil borrar, revisar ortografía, y formatear tus ideas, ¡úsalas! También puedes hacer mapas mentales y hay herramientas para hacerlos por computadora, Leonardo da Vinci los usaba.
  4. Comparte. A ti te puede parecer que algo quedo precioso o pesimamente redactado pero si lo compartes con tus amigos, compañeros, jefes, seguro te ayudaran a mejorarlo.
  5. Siente el poder de la escritura. Si todo lo anterior falla, solo toma en este momento una hoja, escribe tu meta más importante para este año con letras grandes, levántala en tu mano a la altura de tus ojos y di en voz alta: “!ESTO ES LO QUE VOY A LOGRAR ESTE AÑO!”, ojalá sientas que tener esa meta en blanco y negro en ese papel te compromete y le da una fuerza mayor, estoy seguro que la puedes lograr.

 

Julio 2010 Guillermo Mendoza 

 

Coach Ejecutivo, conferencista, escritor, empoderando individuos y organizaciones a transformarse obteniendo los resultados que quieren más rápido y mejor.

Guillermo Mendoza gmendoza@conegte.com

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La libertad de ensuciarnos

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La libertad de ensuciarnos.

La semana pasada estaba en un aeropuerto esperando y en una mesa cercana a la mía un niño de unos 6 añitos estaba comiendo un helado acompañado de su madre. Como es de esperarse a esa edad hubo de repente una mala maniobra (o experimento) y parte del helado de chocolate cayó a su pecho sobre la impecable camisa blanca. Estos accidentes pasan y a esa edad son comunes, sin embargo la mayoría de los padres reaccionamos y esta madre no fue la excepción; de inmediato vino el gritoneo, regaño y jaloneo, el “otra vez ya te ensuciaste, fíjate por favor, mira tu camisa ya quedo horrible”, etc. etc.
El incidente me hizo reflexionar en varias cosas; primero en que a esa edad nos es totalmente irrelevante si nos ensuciamos la camisa o no, y que lo que somos o como nos divertimos no depende de nuestra apariencia, es interesante darse cuenta que a esa edad le damos a la ropa el único valor que verdaderamente tiene: protegernos del clima.
Y por otro lado el que nos sentimos totalmente libres de experimentar y tratar nuevas cosas a pesar de sus costos, como puede ser el desafiar la ley de gravedad inclinando el helado para ver si se cae o no.
Sin embargo crecemos recibiendo nuestros regaños cada que nos ensuciamos y poco a poco empezamos a tener cuidado, primero un poco de cuidado, luego mas y mas hasta que somos muy cuidadosos de nuestra ropa, de nuestra imagen y de nuestro comportamiento. Definimos una zona de confort en la que podemos “jugar sin ensuciarnos”, en la que hacemos las cosas seguras, de bajo riesgo, las conocidas, las que no afectan nuestra imagen.
No es de sorprenderse entonces que tengamos en las organizaciones empleados y ejecutivos que no innovan, que no intenten cosas diferentes, que no se la juegan, todos han sido entrenados por años en cómo no ensuciarse, en cuidar la imagen, en evitar a toda costa errores.
Si quieres desarrollar a tu organización, los errores son parte fundamental de ese desarrollo; no estamos hablando de bajo desempeño y de constantes equivocaciones de una persona eso es otro tema. Estamos hablando de que debe existir una cultura de que se “vale” equivocarse, porque quien nunca se equivoca no está intentando nuevas cosas, no está buscando nuevos procesos para el negocio, no está transformando algo para ver si sale mejor de otra manera.
La mejora además de cuidadosas estrategias, planes e indicadores requiere experimentar, requiere prueba y error, requiere a veces intentar cosas locas, arriesgadas y de riesgo que pueden provocar un resultado contundente. Eso implica que nuestros empleados y ejecutivos tienen que tener la libertad de ensuciarse, de poder trabajar fuera de la cuidadosa y protegida zona de confort e intentar algo que tiene el riesgo de acabar en un error.
Un error del que siempre se aprenderá algo, el que permitirá tomar medidas correctivas, mejorar la idea e intentar nuevamente con una idea mejorada para lograr el éxito. Recomiendo a mis clientes tener una política clara en la empresa: “aquí si se vale cometer errores, lo único que no se vale es cometer el mismo error 2 o más veces”. Dar la libertad de ensuciarse con el enfoque de esto como un proceso de mejora de ideas y estrategias que permita un ambiente de innovación, propuestas y experimentos.
A nivel personal me lleva a reflexionar en cuando fue la última vez que no tuve miedo a decir algo equivocado, a mantener cierta imagen ante familiares, clientes o amigos, a experimentar algo nuevo con el riesgo de equivocarme y de salir “manchado” del asunto.
Me vienen a la mente esas frases de Thomas Alva Edison que dicen: “No fracasé, solo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla” y la de “Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo”
Así que cómo salir de esa zona de confort y recuperar nuestra libertad de ensuciarnos:

  1. Desempolva o pon por escrito esa lista de cosas pendientes, todos tenemos en las empresas y en nuestras vidas cosas que queremos hacer pero no hemos hecho porque…
  2. Desarrolla una lista de 10 ideas que se te ocurren para hacerlo, lógicas, locas, caras, baratas; no importan sus cualidades solo genera ideas de cómo se podría hacer por locas que sean (mínimo 10).
  3. Escoge la idea que puede tener mejor impacto y haz un plan de cómo ejecutarla.
  4. Inténtalo aunque te equivoques o tenga errores.
  5. Si falla, analiza el error, ¿qué fallo?, ¿qué se tiene que mejorar?, ¿Cómo se intenta nuevamente?
  6. Regresa al punto 4 hasta que tengas éxito. Edison lo hizo 999 veces y también dijo: “Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo”, no te dejes interrumpir.

 

Recupera la libertad de ensuciarte en la vida, en tu trabajo, en tus relaciones amorosas, en tu familia, en tus finanzas. Seamos ese niño desafiando la gravedad con un helado, al final solo se lavara la camisa e intentaremos mañana.

El niño Thomas también dijo: “No trabajé ni un solo día en toda mi vida. Fue todo diversión”

Que tengas muchos errores…para que tengas muchos éxitos y mucha diversión, porque al final dime si esas “regadas” no causan risa.

 

 

Agosto 2010 Guillermo Mendoza 

Coach Ejecutivo, conferencista, escritor, empoderando individuos y organizaciones a transformarse obteniendo los resultados que quieren más rápido y mejor.

Guillermo Mendoza gmendoza@conegte.com

Houston (832)334-3583 México (55)8421-4647

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La meta detrás de la meta.

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La meta detrás de la meta.

Los seres humanos hoy en día somos ambiciosos, competitivos y vamos tras diversas metas a lograr en la vida. Podrían ser tan sublimes como la paz interior, el altruismo o ayudar a los demás pero no nos engañemos, queremos cosas, si cosas, muchas cosas.
Una casa más bonita y grande, el carro del año o mejor que el anterior, la ropa de moda, un reloj, el nuevo IPAD que “todo” mundo tiene, un collar, un libro, un disco, un nuevo plasma, claro el de LEDs 3D, más cosas para mi familia, algo mejor para mis padres, viajes, restaurantes, experiencias; y bueno todo cuesta pero estoy seguro que con todo eso sería feliz.
Cuando trabajo con mis clientes de coaching les pregunto ¿qué es lo que quieres en la vida?, y la respuesta más común es “ser feliz”. Y ser feliz a veces significa “estabilidad financiera”, “mi propio negocio”, “el puesto X en tal organización”, y diferentes metas de trabajo y financieras que nos ayudan a darle a la gente que queremos lo mejor.
La gente exitosa, establece metas, y trabaja con un plan disciplinadamente a perseguirlas hasta que logra resultados, pero algo muy importante a revisar es lo que en coaching llamamos la meta detrás de la meta o el valor detrás de la meta.
Un conocido autor dijo: “para subir a cualquier lado tienes que apoyar tu escalera en alguna pared…, pero asegúrate de que está apoyada en la pared correcta antes de empezar a subir”. No es extraño que muchos nos esforcemos y empecemos a subir por las escaleras incorrectas, persiguiendo sueños, ideas, cosas que creemos nos darán felicidad sin evaluar el costo que el “camino”, el plan de trabajo tendrá para llegar a obtener esa meta.
Sabemos que muchos ejecutivos literalmente se rompen la espalda, (por no decirlo más feo), en lograr un mejor puesto, ascensos, aumentos, o en el caso de los empresarios las máximas utilidades de su empresa para poder con eso obtener todos los bienes y cosas que quieren para ellos y sus familias. En este proceso muchos de ellos caen en la adicción del trabajo, “workoholics”, gente que no puede contentarse con dedicar 8 horas a su actividad laboral o económica y que dedicando 10, 12 o 14 horas siente que está logrando substanciales avances por encima de las 8 horas y que harán la diferencia de lo que puede lograr.
No hay duda 12 horas es un 50% mas que 8 horas y debe dar un 50% mas de resultados, pero ¿qué es lo que verdaderamente buscamos?,  ¿felicidad?, si fuera así escucharíamos la súplica de los hijos que quisieran jugar más con nosotros o vernos más seguido, o atenderíamos a la pareja que se siente descuidada y desatendida.
Recuerdo una historia del pescador que dedica unas cuantas horas a pescar y pasa el resto del tiempo en su hamaca contemplando el atardecer y conviviendo con su familia; cuando un turista hombre de negocios llega al lugar y observa el potencial del lugar con la riqueza de peces le dice que porque no trabaja más horas para lograr una pesca mayor, venderla tener una mayor utilidad y con el tiempo comprarse un segundo bote pesquero, contratar a alguien lograr mayores ventas y poco a poco ir haciendo una flotilla hasta que logre tener una empresa pesquera de alto rendimiento que le de grandes utilidades.
El pescador estupefacto le pregunta que para que querría hacer todo eso, y el empresario le contesta que después de unos años de fuerte trabajo lograría tener un emporio con mucho dinero y podría comprar todo lo que quisiera y dedicarse a lo que más le gustara; como por ejemplo pasar la tarde tranquilo con su familia, jugando, conviviendo y disfrutando la playa.
El pescador viendo al empresario con cara de asombro y de este no puede ser mas tarado le dice: “y ¿qué cree que estoy haciendo?”
Debemos tener mucho cuidado al definir nuestras metas y revisar a detalle cual es la meta detrás de la meta, especialmente cuando estas metas son cosas materiales a obtener, comprar, conseguir.
Revisar la meta detrás de la meta puede ser fácil si sigues un par de tips muy sencillos: cambiar los sustantivos (cosas que queremos), por adjetivos (experiencias que queremos), imaginar “experiencias”, en lugar de imaginar “situaciones”. Una situación es tener el carro del año y la nueva casa, una experiencia es como me voy a sentir con esto, ¿qué sentimientos voy a tener?, ¿paz?, ¿realización?, ¿tranquilidad?
Escoge tu meta más importante y toma unos momentos para meditar, cierra tus ojos y visualiza esa meta como lograda, imagínate dentro de 1 año, 5 o lo que te lleve alcanzarla, con esa meta completamente terminada, siente que YA tienes ese puesto, ese dinero, esas utilidades, ese viaje, esa cosa; siéntelo, en tu piel, en tu corazón, como una realidad, huélelo, tócalo; y luego pregúntate ¿cómo me siento?, ¿se sienten bien?, ¿me da la felicidad que estaba buscando?, ¿justificó el costo que tuvo en el camino lograr esto?
Y el paso final ya que identificaste bien esos adjetivos, pregúntate, ¿necesito todo eso para lograr esas experiencias?, ¿vale la pena pagar el precio?, o tengo claro como el pescador que las experiencias de felicidad que busco están más cerca de lo que creo, que la convivencia con mis hijos, el amor con mi pareja, la calidez de mis amigos, están ya aquí, si les dedico el tiempo y no al final del camino. Que se necesita menos para tener más.
Cuando busques experiencias en lugar de cosas o situaciones te vas a dar cuenta que hay atajos y no hay que ir tan lejos con las metas para obtener el valor y sentimiento que buscamos. Tranquilidad, estabilidad, paz, realización, armonía están mucho más a la mano de lo que pensamos.
¡No vivas para ser feliz, sé feliz de vivir!

 

Enero 2011 Guillermo Mendoza

Coach Ejecutivo, conferencista, escritor, empoderando individuos y organizaciones a transformarse obteniendo los resultados que quieren más rápido y mejor.

Guillermo Mendoza gmendoza@conegte.com

Houston (832)334-3583 México (55)8421-4647

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Mamá, mami, pareja, mujer.

mujeres

Tratar de remotamente comprender lo que significa ser madre desde la perspectiva del hombre me parece una tarea ociosa, imposible. Estoy convencido que es algo mas allá de nuestro entendimiento y solo intentamos imaginarlo por los comportamientos que vemos en nuestras propias madres y esposas, las madres de nuestros hijos.

 

Pero por otro lado todos hemos tenido una mamá que como mínimo dedicó su cuerpo a dar todas las condiciones necesarias para que nos desarrolláramos desde un milimétrico embrión hasta un bebe completamente formado meses después. Y creo que ahí están las primeras sensaciones y sentimientos que escapan a la comprensión del hombre; el tener algo creciendo poco a poco por meses dentro de ti, sentir todas las alteraciones que provoca en tu organismo, sentir como se mueve, saber que algo extraordinario: otra vida humana, existe dentro de la tuya y que algún día estará fuera de ti enfrentándose al mundo, debe ser algo maravilloso a la vez que tremendamente comprometedor.

Desde ahí, deben crearse esos lazos energéticos y emocionales que mantienen a una madre unida a sus hijos de por vida, que le permiten leer sus pensamientos, sentir sus emociones y anticiparse a sus necesidades. No hay duda de la dedicación, sacrificio y cuidado que una madre siente por sus hijos es la muestra más grande de altruismo, generosidad y amor desinteresado que existe entre los seres humanos.

 

Y de ese amor, de esa responsabilidad interminable, de esa aceptación sin condiciones, de ese poner siempre primero al hijo nacen nuestros más importantes soportes emocionales y nuestras más importantes lecciones para la vida y para el éxito.

Y como una gran oportunidad que se nos escapa, a veces no vemos como mamá tiene la respuesta al problema, la solución a la maraña en la que nos sentimos envueltos a veces, y que puede ser tan sencilla como “¡todo estará bien!”

 

Si tan solo recordáramos esas trilladas frases nuestra vida sería más sencilla, si las aplicáramos nuestros éxitos y satisfacciones mayores. Reflexiona hoy: ¿qué cosas me ha dicho mi madre o mi pareja que me han ayudado a ser más exitoso?, ¿a hacer mejores negocios?, ¿a ser un mejor estudiante o empleado?, ¿a recuperarme y continuar?, ¿a recordar lo importante?, ¿a estar más feliz y satisfecho con mi vida?

 

Por eso este día me permito recordar algunas frases que habrán escuchado de su mamá como: “échale ganas”, “no te preocupes, todo saldrá bien”, “no te desesperes las cosas siempre se arreglan”, “no te malpases, come bien”, “ánimo síguelo intentando”, “lo importante es que tienes salud”, “no te desveles, descansa”, y tantas otras que convierten a las mujeres en ese lugar seguro dentro de las tormentas de la vida, en ese espacio protector en el que podemos descansar, recargar baterías, levantarnos después de caídas y salir de nuevo al mundo.

 

Toda mujer es una madre en potencia, y creo que toda madre es una madre para todos no solo para sus hijos, como lo demuestran cuando estas mismas palabras y frases de aliento, ánimo y confort son dirigidas de cada mujer a esposos, amigas, y a todo al que pueden ayudar.

 

Qué mundo diferente tendríamos si todos fuéramos madres, y si lográramos ser ese espacio de seguridad y confort para toda la gente con la que nos cruzamos; o si tan solo como lo sugieren alguna filosofía pudiéramos imaginar en todo momento, que todo ser humano en algún punto de los interminables ciclos de la vida y el renacer ha sido nuestra madre y que por tanto debemos tratar a todos con ese respeto y agradecimiento con el que tratamos a nuestra madre natural.

 

Pero volviendo a nuestra propia madre y esposa aprovechemos este día de su celebración para reconocer el apoyo que son en nuestras vidas, para entender que la devoción que nos tienen es algo muy preciado que excede cualquier  agradecimiento. Que son coaches, animadoras, choferes, enfermeras, cocineras, maestras, lideres y sobretodo poseen una sabiduría natural producto de esa función de mamis que si escucháramos nos evitaría algunos problemas, nos sacaría de algunos otros y principalmente nos haría entender que lo más valioso y gratificante de la vida es dar y que la mayor tranquilidad nace de saber que las cosas siempre estarán bien.

 

Mamá, mami, gracias por ser ese espacio estés cerca, lejos o aun cuando te hayas ido, tu presencia en mí es permanente. Muchas imágenes en mi memoria me recuerdan tus cuidados, esfuerzos, sacrificios y preocupaciones y por ti puedo apreciar esas acciones en todas las mujeres y valorarlas.

 

A mi pareja, mamita, gracias por ser mi compañera y ser una madre para nuestros hijos, gracias por ser ese espacio de confort en el que se puede descansar, en el que es posible recuperarse, recobrar ánimos, enfocarse, darle atención a lo importante y ser una mejor persona, mejor padre, mejor hombre.

 

Felicidades a todas las mamis, felicidades a todas las mujeres, madres actuales o futuras; son la mejor expresión de la vida humana y de sus más grandes valores.

 

 

Mayo 2010 Guillermo Mendoza

Coach Ejecutivo, conferencista, escritor, empoderando individuos y organizaciones a transformarse obteniendo los resultados que quieren más rápido y mejor.

Guillermo Mendoza gmendoza@conegte.com

Houston (832)334-3583 México (55)8421-4647

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